Por qué, Mono, por qué?

POR QUÉ, MONO, POR QUÉ?

jueves, 14 de julio de 2011

4.- EL DÍA DESPUES


Me despierto con la luz que entra por la ventana de mi habitación con la sensación de encontrarme en el paraíso. Estoy fenomenal, descansado, con energía, vamos, estoy como nunca. Me quito los calcetines, que han hecho de guantes durante la noche, por ver que queda de mis manos y ... ¡¡¡OH, SORPRESA!!!. Tengo manos, están bien, algo endurecidas, pero sanas y completas.
Cuando llegaba a la cocina para desayunar, me cruzo con mi tío.
-         Hombre, mira quien amanece por aquí. Ya iba a despertarte.
-         ¿Pero tío? Un poco de vidilla, que hoy es Domingo, y además, son apenas las nueve de la mañana.
-         No te preocupes, que hoy no será lo de ayer. Hoy es día de fiesta, pero también hay que prepararlo todo.
Mientras desayunamos, mi tío me va explicando el plan del día y las funciones que tenemos que hacer nosotros. Y ya estamos unos cuantos hombres del pueblo, mi tío y yo, montados en el remolque que lleva un tractor, yendo a los campos en los que ayer estuvimos trabajando y luego a los montes cercanos. Tenemos que cargar toda la leña que estuvimos apilando, tanto nosotros como otros que estarían por otros lares, porque había pilas de leña por todos lados.
-         Joder, con el día de fiesta.
Cuando mis lomos ya están bien calentitos de tanto agacharse a recoger la leña y cargarla en el remolque, asegurándola para no perder la carga por el camino, me doy cuenta que en le remolque no cabemos, esta hasta los topes. Y cuando le pregunto a mi tío como volvemos nosotras...
-         ¿Que como volvemos? Pero que gracioso que eres, sobrino. Pues con “el coche San Fernando”, un ratito a pie y otro andando.
-        Pero tío, si estamos en el quinto pino, nos costara una eternidad volver al pueblo.
-         No hombre, no. En menos de una hora ya estaremos en el pueblo.
Y decía la verdad, en unos tres cuartos de hora ya estamos entrando en el pueblo. Descargamos la leña en el horno del pueblo. Que resulta muy rápido, ya que había gente en el horno que nos ayuda. Dejamos un poco de leña en el remolque para llevarla a unas eras a las afueras del pueblo, y veo que hay un montón de gente. Tomas, me va explicando que ahí es donde se esta haciendo la matanza del cerdo. Un matarife es el encargado de sacrificar el animal. Se recoge la sangre en una palangana, mientras una señora esta removiéndola, todavía caliente, para que no se cuaje.
-         Se usa para hacer las morcillas.
Luego, con una aliaga encendida queman todo el pelo del cerdo y cuando esta completamente chamuscado, con una especie de hoz, le quitan toda la parte quemada, quedando una piel rosada. Con una habilidad pasmosa, el matarife, despieza el animal en un instante. Cada pieza tiene su destino, para jamones,  para embutido, los lomos,...
Cuando estoy todavía pasmado con el proceso, me pasan un plato con trozas de cerdo hechos a la brasa con la leña que nosotros hemos traído (por fin veo un resultado de todo el trabajo que he estado haciendo durante el fin de semana) y unos trozos de pan recién hecho.
-          Oye tío, hoy domingo, el panadero hace pan.
-         Pero tú no te enteras de nadas, verdad. ¿Para que crees que es la leña que hemos llevado al horno del pueblo?,
Me explica con la paciencia del Santo Job, y yo con la sensación de ser el tonto más tonto de todos los tontos, que ha habido algunos hombres del pueblo, que les ha tocado, que a las cuatro de la mañana ya tenían encendido el horno y a primera hora de la mañana, las mujeres principalmente, estaban preparando la masa para hacer el pan. Cada semana o diez días, se enciende el horno y en todas las casas del pueblo, preparan la masa para hacerse cada cual su pan, para los días siguientes. Y en esta ocasión además, se prepara pan extra para la fiesta.
La jornada continúa y ahora parece que son las mujeres quienes no paran de trabajar, preparándolo todo para hacer el embutido y la orza. Mientras “los hombres”, estamos como que trabajamos, ayudando un poco a las mujeres por si hay que mover algo más pesado y con las brasas, preparando la carne, que servirá de comida a todo el pueblo. Ahora si que hay un poco de vidilla y empiezo a cogerle gusto a esto del pueblo. No es todo romperse la espalda ni destrozarse las manos.
Por la tarde, volviendo a casa, no puedo dejar de pensar en todo la experiencia que me ha supuesto esto del pueblo. No ha estado tan mal al fin y al cabo. Sobre todo porque llevo el coche cargado de productos de la matanza.

lunes, 11 de julio de 2011

3.- TOMAS, MI TÍO

El camino al pueblo es largo, tortuoso, para nada me trae buenos recuerdos. Cuando mis padres me obligaban a pasar los veranos en ese lugar, perdido de la mano de Dios, donde todos los días eran iguales, sin nada interesante que hacer. No había cine, no teníamos ni tele en casa, no había ni un mísero futbolín donde poder jugar un poco ¡Hay, que recuerdos más patéticos de la juventud! Y aquí estoy, volviendo al pueblo.
Un par de curvas más y ya tengo el pueblo a la vista, que esta situado en una pequeña vega con sus huertas. ¿Y....?, pues está como siempre, ¿no se que me esperaba? Bueno tiene algunas cosas nuevas, ahora las calles están asfaltadas.
Aparco a la puerta de casa de mi tío y cuando me dispongo a llamar, él me abre la puerta, con cara de pocos amigos, me coge del brazo y sin dejarme entrar en casa...
   -¿Esto son horas de llegar?, ya hemos perdido media mañana. Vamos hombre, vamos.
Me carga en su coche, por decir algo del trasto que tiene, un cuatro latas del año de la picor, y salimos pitando. Por el camino me va explicando que este fin de semana es cuando todos los del pueblo van a unas tierras comunales a trabajarlas y a nosotros nos toca una zona de almendros y algún que otro frutal. Tenemos que recoger la almendra , cavar , podar y con la leña hacer fardos para llevarlos al horno del pueblo.
Yo estoy flipando, me creía que venía para que mi tío me diera los consejos y trucos de “viejo zorro” en el tema del cultivo y me encuentro esclavizado y sin opción de fuga, para realizar trabajos forzados ¡¡¡Mierda!!!, ¿no sé como me escapo de esta?, Pero estoy pillado y bien pillado.
Cuando llegamos a los campos, mi tío saluda a los presentes y pide perdón por la tardanza y me pone a mí como excusa. Fantástico, además ahora todos me miraran mal.
Y ya está mi tío Tomas dándome órdenes.
    -Coge los sacos y los capazos de detrás del coche y tráelos aquí. Vamos allá a empezar a recoger la almendra y acerca los capazos...
    -Tranqui, tío, tranqui, que seguro que así en frío, estas cosas no son buenas,
   -Joder, con el señorito de la ciudad, todavía no a empezado y ya esta protestando. Yo te pongo en vereda con cuatro días que estés aquí.
Estaba temblando por dentro y pensando que por lo menos, todo esto, solo sería el fin de semana y mañana después de comer me volvía a mi casa en la ciudad. Al tiempo escucho unas risas de unos que estaban por allí cerca.
No se el tiempo que llevamos allí, pero para mí que eran media vida, cuando mi tío me hace unas señas para que vayamos a la sombra de unos árboles a comer. Allí con casi una docena de hombres recios del campo y una piltrafa humana, que soy yo, nos ponemos a comer de lo que cada uno traía y yo comía de lo que querían darme. Las migajas, como a los perros. Después de comer un poco de todo lo que había, pan, queso, chorizo, vino, empiezo a encontrarme mejor y la tarde la puedo coger con más ánimo. También es que la faena vespertina es más pausada y se hace más llevadero.
Cuando por fin volvemos a casa, yo ya no se quien soy, ni de donde vengo, ni a donde voy. Estoy baldao, no me siento las piernas, no me siento las brazos, y las manos ¡¡¡AH!!! las manos parecen muñones al rojo vivo. Yo, que me hago una ampolla al sacar punta a un lápiz. Dios Mio, no podré volver a utilizarlas nunca más.
    -No te preocupes sobrino, que nadie se ha muerto por eso.
    -¿Que no?, pero si yo lo estoy.
    -Cuando lleguemos a casa te daré una crema para esas manos y mañana como nuevo.
¿Mañana?, pensar en mañana se hace un mundo. No podré soportar otro día como hoy. Tengo que pensar en como puedo huir de esta pesadilla, es horrible. ¿Pero donde esta la vida esa, en el campo, que veía cuando era pequeño con “Heidi”? En que parte del camino todo eso se ha perdido.
Me voy a dormir después de cenar un poco. Mi tío me da un potingue para ponérmelo en las manos y me dice que duerma con los calcetines puestos a modo guantes. Y con eso me quedo dormido.