Por qué, Mono, por qué?

POR QUÉ, MONO, POR QUÉ?

lunes, 11 de julio de 2011

3.- TOMAS, MI TÍO

El camino al pueblo es largo, tortuoso, para nada me trae buenos recuerdos. Cuando mis padres me obligaban a pasar los veranos en ese lugar, perdido de la mano de Dios, donde todos los días eran iguales, sin nada interesante que hacer. No había cine, no teníamos ni tele en casa, no había ni un mísero futbolín donde poder jugar un poco ¡Hay, que recuerdos más patéticos de la juventud! Y aquí estoy, volviendo al pueblo.
Un par de curvas más y ya tengo el pueblo a la vista, que esta situado en una pequeña vega con sus huertas. ¿Y....?, pues está como siempre, ¿no se que me esperaba? Bueno tiene algunas cosas nuevas, ahora las calles están asfaltadas.
Aparco a la puerta de casa de mi tío y cuando me dispongo a llamar, él me abre la puerta, con cara de pocos amigos, me coge del brazo y sin dejarme entrar en casa...
   -¿Esto son horas de llegar?, ya hemos perdido media mañana. Vamos hombre, vamos.
Me carga en su coche, por decir algo del trasto que tiene, un cuatro latas del año de la picor, y salimos pitando. Por el camino me va explicando que este fin de semana es cuando todos los del pueblo van a unas tierras comunales a trabajarlas y a nosotros nos toca una zona de almendros y algún que otro frutal. Tenemos que recoger la almendra , cavar , podar y con la leña hacer fardos para llevarlos al horno del pueblo.
Yo estoy flipando, me creía que venía para que mi tío me diera los consejos y trucos de “viejo zorro” en el tema del cultivo y me encuentro esclavizado y sin opción de fuga, para realizar trabajos forzados ¡¡¡Mierda!!!, ¿no sé como me escapo de esta?, Pero estoy pillado y bien pillado.
Cuando llegamos a los campos, mi tío saluda a los presentes y pide perdón por la tardanza y me pone a mí como excusa. Fantástico, además ahora todos me miraran mal.
Y ya está mi tío Tomas dándome órdenes.
    -Coge los sacos y los capazos de detrás del coche y tráelos aquí. Vamos allá a empezar a recoger la almendra y acerca los capazos...
    -Tranqui, tío, tranqui, que seguro que así en frío, estas cosas no son buenas,
   -Joder, con el señorito de la ciudad, todavía no a empezado y ya esta protestando. Yo te pongo en vereda con cuatro días que estés aquí.
Estaba temblando por dentro y pensando que por lo menos, todo esto, solo sería el fin de semana y mañana después de comer me volvía a mi casa en la ciudad. Al tiempo escucho unas risas de unos que estaban por allí cerca.
No se el tiempo que llevamos allí, pero para mí que eran media vida, cuando mi tío me hace unas señas para que vayamos a la sombra de unos árboles a comer. Allí con casi una docena de hombres recios del campo y una piltrafa humana, que soy yo, nos ponemos a comer de lo que cada uno traía y yo comía de lo que querían darme. Las migajas, como a los perros. Después de comer un poco de todo lo que había, pan, queso, chorizo, vino, empiezo a encontrarme mejor y la tarde la puedo coger con más ánimo. También es que la faena vespertina es más pausada y se hace más llevadero.
Cuando por fin volvemos a casa, yo ya no se quien soy, ni de donde vengo, ni a donde voy. Estoy baldao, no me siento las piernas, no me siento las brazos, y las manos ¡¡¡AH!!! las manos parecen muñones al rojo vivo. Yo, que me hago una ampolla al sacar punta a un lápiz. Dios Mio, no podré volver a utilizarlas nunca más.
    -No te preocupes sobrino, que nadie se ha muerto por eso.
    -¿Que no?, pero si yo lo estoy.
    -Cuando lleguemos a casa te daré una crema para esas manos y mañana como nuevo.
¿Mañana?, pensar en mañana se hace un mundo. No podré soportar otro día como hoy. Tengo que pensar en como puedo huir de esta pesadilla, es horrible. ¿Pero donde esta la vida esa, en el campo, que veía cuando era pequeño con “Heidi”? En que parte del camino todo eso se ha perdido.
Me voy a dormir después de cenar un poco. Mi tío me da un potingue para ponérmelo en las manos y me dice que duerma con los calcetines puestos a modo guantes. Y con eso me quedo dormido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario